Todo con la Voz- El espectador

El tenor colombiano Kirlianit Cortés ha cantado en los principales escenarios de música lírica del mundo. /Sandra Arias
El tenor colombiano Kirlianit Cortés ha cantado en los principales escenarios de música lírica del mundo. /Sandra Arias

A Kirlianit Cortés Gálvez el mundo lo empujó a una sucesión inevitable de acontecimientos de los cuales no ha podido escapar.

En él permanece vigente lo que dijo hace tantos años el humanista Giovanni Boccaccio: “El destino no reina sin la secreta complicidad del instinto y la voluntad”. Diría hoy este joven tenor quindiano: instinto e inteligencia, la misma con la que actúa para exigirse en cada uno de los ambientes que habita, en los escenarios mundiales que pisa buscando renovar estos dos pilares que fundamentan la posibilidad de crear desde y para la música. Sus ritmos y tonos van más allá de una simple sincronicidad. Desde que se graduó de bachillerato en un colegio público del Quindío y emprendió un viaje por el mundo para iniciar estudios musicales en la Universidad de Antioquia y el Gran Teatro de La Habana, Cuba.

Desde su debut en la Ópera de Colombia, interpretando a Borsa en la obra Rigoletto, y la aventura de viajar a Europa sólo con los 2.200 euros que le donó don Héctor Ochoa a través de la Fundación Antioquia le Canta a Colombia para que iniciara su proceso formativo en la Universidad de Música y Artes Representativas de Viena, donde se graduó de Magíster Artium en Interpretación de Lied y Oratorio con la mezzosoprano maestra KS Marjana Lipovsek.

Algo así supone que nada ocurre por azar. Que, como cantante, la vida le propuso un camino en el que también ha aprendido a levantarse de las malas decisiones, a valorar que unos rían y otros lloren al escuchar una voz propositiva, vistosa, segura y a la vez sensible, una voz que se conecta con las emociones y no con la racionalidad de sus espectadores, pues antes de cada intervención pide permiso al Padre para ser instrumento y luz para los demás.

El secreto que su padre Orlando Cortés y su madre Elsa Gálvez cultivaron en él y sus hermanas con técnicas que llegaron por instinto, cuando de niño lo acostaban y le ponían varios libros en el estómago para probar que respirara bien y cantara mejor.

Un sentimiento que dejó de ser corazonada materna cuando eligieron llamarlo con un nombre extraño pero sonoro de nueve letras, pues intuían que se vería muy bien en los carteles internacionales de grandes escenarios del mundo, como el teatro de La Scala, en Milán, el Di Spoleto o el Bunka Kaikan en Tokio, en los que Kirlianit ha sido protagonista.

Ellos lo visualizaron para su hogar y el destino lo capitalizó para el mundo en los roles de Ernesto en Don Pasquale y el doctor Stone en la ópera de Gian Carlo Menotti, en el Teatro del Palacio de Schönbrunn; en presentaciones que han obtenido magníficas críticas de la prensa internacional por sus interpretaciones en festivales, salas, concursos, óperas y orquestas del mundo, bajo la dirección de maestros de renombre internacional.

Su música sale de los recuerdos del goce de la infancia en un pueblo pequeño, de la seguridad de cantar con los sentidos y no con la cabeza, de la tranquilidad de estar haciendo lo único que sabe hacer: usar la lírica para poner sello propio a su voz latina y a una tradición cultural que engrandece cuando actúa como embajador colombiano en los conciertos del mundo.

Cantó en bares, en orquestas de salsa y mariachis, en serenatas y misas, siempre con sello propio. Y lo sigue haciendo con el encanto de los seres que pueden ser dirigidos sin reparos porque entienden que están de paso para recorrer una caravana que lleva en su rodar el despertar de su alma. Porque el destino no reina sin la secreta complicidad del instinto y la voluntad, y porque también en la música Kirlianit mantiene muy en alto su mirada haciendo lo único para lo que está hecho: cantar.

http://www.elespectador.com/noticias/cultura/todo-voz-articulo-558622

 

                                          Adriana Giraldo